AVIONES Y CAMBIO CLIMÁTICO
En plena ola de calor, muchos de nosotros habremos pensado en propuestas para mitigar lo que cada vez más se antoja como un aumento exponencial de las temperaturas. Y teniendo en cuenta que estamos en pleno verano, estación que concentra una parte importante del tráfico aéreo, qué menos que intentar calibrar cuál es su incidencia en el fenómeno del cambio climático basándome en los estudios recientes de varias universidades.
Y es que el impacto de los desplazamientos en avión en el calentamiento global es una de las manifestaciones más críticas de la crisis climática actual, exacerbado por un modelo de crecimiento que entra en conflicto directo con los objetivos internacionales de descarbonización.
El transporte aéreo es una de las formas de consumo más intensivas en energía, con emisiones que se multiplicaron por 5 los últimos 20 años, siendo el tráfico internacional el que más se incrementa. Pero contrariamente a lo que se podria pensar, las emisiones de C02 no son ni el único ni el principal problema.
El Forzamiento Radiativo consiste en la contribución a un calentamiento desproporcionado del planeta debido a emisiones de ciclo corto como los óxidos de nitrógeno (NOx) y la formación de estelas de condensación (contrails). Estas últimas tienen un efecto de calentamiento mayor que el propio CO2 acumulado de la aviación, estimándose que el impacto total del sector es tres veces superior al asociado únicamente a sus emisiones de CO2.
Paralelamente, los viajes de largo recorrido representan solo una pequeña fracción de los viajes totales, pero suponen el 38% de las emisiones de CO2 del transporte de pasajeros. Se proyecta que el kilometraje de estos viajes crezca un 80% para 2050, impulsado casi exclusivamente por la aviación.
En parte, ello se debe a la normalización cultural y turismo de masas. El crecimiento exponencial del turismo ha "normalizado" estilos de vida dependientes del carbono. Incluso grupos con alta conciencia climática muestran resistencia a renunciar a volar por ocio. Esto ha creado una clase de "urbanitas adictos al viaje", que aunque evitan el coche en su día a día, mantienen huellas de carbono altísimas debido a vuelos frecuentes.
Aunque el 1% de la población mundial genera el 50% de las emisiones de la aviación comercial, centrarse solo en esta élite oculta una base de consumo creciente. En 2018, se estima que solo el 11,1% de la población mundial voló. Sin embargo, en los países desarrollados, entre el 35% y el 47% de los ciudadanos vuela al menos una vez al año. La oportunidad de volar no suele aumentar el número de personas que vuelan, sino que intensifica la actividad de quienes ya lo hacen, convirtiendo a la clase media global en un motor clave del cambio climático.
El informe del IPCC (2022) subraya que la mitigación ya no puede depender solo de la tecnología, sino que debe centrarse en la demanda, los servicios y los aspectos sociales. Para lograr una reducción real, las fuentes sugieren medidas que van más allá de lo convencional.
Una de ellas sería la generalización de impuestos progresivos a "viajeros frecuentes": Dado que el 12% de los adultos en países como EE. UU. realiza el 68% de los vuelos, se proponen tasas que aumenten exponencialmente con cada vuelo adicional realizado al año. Reducir a la mitad la actividad del percentil más frecuente bajaría las emisiones totales en más de un 25%.
La siguiente consistiría en la eliminación de privilegios energéticos para las clases premium (business y primera clase) ocupan un espacio que permitiría transportar a mucha más gente, consumiendo entre 3 y 9 veces más energía que la clase turista. Las medidas incluirían la prohibición de jets privados —cuyos usuarios pueden emitir hasta 7.500 toneladas de CO2 al año— y la reconfiguración obligatoria de cabinas para maximizar la eficiencia.
Todo ello ligado al fin de los subsidios y "carbon pricing" real. La aviación recibe un subsidio implícito de 100.000 millones de dólares anuales al no pagar por sus externalidades ambientales. Es necesaria la implementación de impuestos severos al queroseno y el fin de las ayudas estatales a aerolíneas, redirigiendo esos fondos a infraestructuras de transporte local y sostenible.
Convendría también ejecutar una moratoria a la expansión de infraestructuras para detener la inversión pública en la ampliación de aeropuertos, cuestionando la equidad de asignar recursos para facilitar viajes de larga distancia de una minoría privilegiada.
En conclusión, el crecimiento proyectado de la aviación es incompatible con los límites planetarios. La única vía efectiva, según el marco del IPCC y las investigaciones analizadas, es la reducción neta del volumen de vuelos, priorizando el cambio de comportamiento y la regulación estricta sobre la mera eficiencia tecnológica.
Bibliografía:
The global scale, distribution and growth of aviation: Implications for climate change (Stefan Gössling, Andreas Humpe). 2020
Long-distance travel, between social inequality and environmental constraints (Giulio Mattioli, Frédéric Dobruszkes, Joachim Scheiner, Zia Wadud). 2023
IPCC (2022): Climate Change 2022: Mitigation of Climate Change. Working Group III
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