El PP valenciano, decidido a conjurar el efecto negativo de la DANA prohibiendo la literatura catalana y balear en las aulas
La educación debería ser, por definición, una ventana abierta al mundo. Sin embargo, las últimas decisiones del Consell de la Generalitat Valenciana parecen empeñadas en convertir la asignatura de Valencià: Llengua i Literatura en una habitación cerrada y con las persianas bajadas. La decisión de eliminar a los autores catalanes y baleares del currículo de Bachillerato no es solo un cambio administrativo; es básicamente un intento de frenar el auge de VOX en las encuestas de opinión, tratando de apelar al sentimiento anticatalán de la mayor parte de su electorado.
Esta medida no llega de forma aislada. Hace solo unos días, el gobierno valenciano oficializó el cambio del acento de la ciudad a Valéncia (con acento cerrado), desafiando los criterios científicos de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Este movimiento, puramente simbólico y de carácter identitario, ha servido de preludio para una purga literaria en las aulas.
Al establecer que solo los autores nacidos en el territorio valenciano tienen cabida en el estudio de la lengua, se priva al alumnado de figuras universales. ¿Cómo se puede entender el siglo XX sin la influencia cruzada de autores de todo el dominio lingüístico? Autores que compartían lengua y reino en su periplo vital, se ven ahora artificialmente desligados por fronteras culturales inexistentes que solo atienden a razones de rédito electoral. Ausiàs March leyó y se impregnó de la literatura de Ramon Llull en su lengua natal y esa influencia evidente entre autores que compartían el mismo código lingüístico y cultural es un contínuo cultural de primer orden. O, por citar otro ejemplo, ¿qué filólogo cuerdo pondría en duda la influencia lingüística y cultural que proyectó Ausiàs, el poeta del siglo de oro valenciano, sobre figuras de la lírica catalana como Jacint Verdaguer o Carles Riba? Sería, buscando la analogía, como pretender que Cervantes no dejó pósito cultural en la obra de Unamuno por ser este último vasco, aunque su obra estuviera en un castellano del norte, más adusto y modernizado.
Para entender la magnitud del despropósito, basta con aplicar esta misma lógica a la asignatura de Lengua Castellana y Literatura.
Se excluyen autores de Cataluña o las Islas por no ser "valencianos" pero no se hace lo propio con a Gabriel García Márquez o Jorge Luis Borges por no ser "españoles", dividiendo artificialmente una cultura que compartía unidad política en los tiempos en que vivieron muchos de los autores aludidos.
Imaginemos la reacción de la comunidad educativa si el Ministerio de Educación prohibiera estudiar autores latinoamericanos porque "no son de aquí". Sería considerado un acto de autolesión intelectual y un empobrecimiento flagrante del patrimonio de los estudiantes. ¿Por qué, entonces, se considera aceptable o incluso "proteccionista" hacerlo con la lengua propia de los valencianos?
La Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL), institución estatutaria y máxima autoridad normativa creada precisamente para sacar a la lengua de la batalla política, se ha visto obligada a emitir pronunciamientos inusualmente duros ante lo que consideran un retroceso histórico.
Los académicos insisten en que la denominación de "valenciano" es plenamente compatible con el hecho de que la lengua sea compartida con otros territorios (Cataluña, Baleares, Andorra, Rosellón y Cerdeña). Al mismo tiempo, señalan una clara intencionalidad electoral de los políticos que promocionan la segregación lingüística enfrentada al unánime criterio filológico y universitario de que el valenciano, el balear y el catalán son una misma lengua indistinguible aunque con variantes dialécticas, incluso dentro de cada una de estas denominaciones.
Y éste, señores, es el nivel de los políticos del PP y VOX en el País Valencià o, como a ellos les gusta más, la Comunidad Autónoma de Valencia. Algunos ya señalamos en su día que la catastrófica gestión de la DANA acabaría haciendo mella en la cultura y la lengua valenciana, en un nuevo intento de los políticos castellanistas por intentar devolver a su redil a los votantes dolidos por el cinismo e incompetencia del gobierno que escogieron en las urnas unos votantes visceralmente monotemáticos.
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