Euskadi, la Comunidad Autónoma con más inversión educativa, registra un desplome de los resultados académicos de sus alumnos en las pruebas PISA 2025
Euskadi, la Comunidad Autónoma con más inversión educativa, registra un desplome de los resultados académicos de sus alumnos en las pruebas PISA 2025
El sistema educativo de la Comunidad Autónoma de Euskadi se enfrenta a una de las mayores paradojas de la gestión pública contemporánea: liderar la inversión en educación y, al mismo tiempo, cosechar uno de los peores desplomes académicos del país. De acuerdo con el presupuesto consolidado de las comunidades autónomas españolas, Euskadi destina 3.566.317 miles de euros a la educación pública (lo que equivale a un 23,65% de su gasto presupuestario total), alcanzando un gasto récord de 1.592 euros per cápita por alumno.
Esta dotación financiera es, con diferencia, la más alta de todo el Estado español, superando de manera muy holgada los 1.015 euros de Cataluña, los 1.138 euros de Andalucía y casi duplicando los 879 euros que invierte la Comunidad de Madrid.
Sin embargo, la última evaluación internacional del informe PISA de la OCDE ha desmontado de forma incontestable el mito de que una financiación más elevada se traduce automáticamente en excelencia. Esta desconexión vasca entre inversión económica y calidad educativa refleja a escala regional lo que PISA constata a nivel global: una vez superados los umbrales mínimos de gasto que garantizan una infraestructura básica, los presupuestos incrementales dejan de ser un factor predictivo del éxito, cobrando mucha mayor relevancia, según sus "expertos", la calidad de las políticas docentes, el rigor académico del currículo y la eficiencia organizativa del sistema.
El colapso de los niveles de aprendizaje de Euskadi en las pruebas de PISA ha encendido todas las alarmas en el panorama autonómico nacional. Según revelan los datos específicos recogidos por medios locales e informes como el de Radio Popular y Orain.eus, los alumnos vascos de 15 años han obtenido una puntuación de apenas 419 puntos en comprensión lectora, una cifra que sitúa a la comunidad en el penúltimo puesto de toda España, superando exclusivamente a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Este nivel de rendimiento vasco en lectura es dramáticamente inferior a la media del conjunto de España, que se sitúa en 451 puntos, y queda extremadamente rezagado respecto a la media de la OCDE establecida en 461 puntos.
En competencia científica, el retroceso vasco es igualmente grave: el alumnado se quedó en 459 puntos, situándose muy por detrás de la media estatal de 477 puntos y de la media de los países de la OCDE de 482 puntos, registrando asimismo una de las proporciones más bajas de estudiantes excelentes de toda la geografía española.
Solo en matemáticas se logra una puntuación de 460 puntos que, aunque supera por la mínima la media nacional española de 457 puntos, continúa por debajo de los promedios globales de 463 puntos de la OCDE y de la Unión Europea. La preocupante realidad de Euskadi confirma de forma rotunda que, a pesar de gastar significativamente más que cualquier otra región del país, la ineficacia acumulada de su gestión y el declive metodológico han deprimido los resultados hasta situar a sus alumnos al nivel de los sistemas educativos con menor financiación y mayores carencias materiales del entorno internacional.
Mención aparte merece la no inclusión en el informe de los resultados de los alumnos catalanes, debido a el alto porcentaje de alumnos que esta Comunidad descartó como colectivo con problemas de aprendizaje. En concreto, fueron apartados de las pruebas más de un 26% de los alumnos, cuando PISA permite solo la excepción del 5%.
Este colapso vasco y nacional no ocurre en absoluto en el vacío, sino que coincide plenamente con la progresiva aplicación en las aulas de las normativas curriculares de la LOMLOE, una ley educativa que ha marginado de forma explícita la cultura del esfuerzo y el rigor en la evaluación. Diversos análisis y artículos de prensa, como el publicado por Artículo 14, señalan directamente a esta ley como la responsable del debilitamiento de los niveles académicos al flexibilizar los criterios de promoción, restringir de forma extrema la repetición de curso y propiciar una suerte de aprobado general tácito donde incluso se consiente obtener el título de Bachillerato con materias suspendidas. Estas directrices legislativas, orientadas a sobreproteger administrativamente al estudiante para reducir de manera artificial las estadísticas de fracaso escolar, han diluido la exigencia y los incentivos para el estudio individual, provocando una alarmante mediocridad generalizada. Lejos de favorecer la equidad, este vaciamiento de contenidos y el desprecio hacia la exigencia académica han tenido un efecto devastador, dañando con especial crueldad a los estudiantes capaces de lograr un alto desempeño. De hecho, los datos nacionales del informe PISA demuestran de manera empírica que el deterioro del rendimiento académico en España ha sido más de dos veces más intenso entre el alumnado perteneciente al cuarto de mayor nivel socioeconómico en comparación con los alumnos más desfavorecidos.
Mientras que los sectores vulnerables mostraron pérdidas moderadas, los estudiantes más ricos y tradicionalmente de mayor desempeño se desplomaron en lectura con una pérdida sin precedentes de 33 puntos, y de 24,2 puntos en matemáticas. Esto evidencia que cuando un sistema relaja la exigencia en nombre de la promoción automática, los alumnos con mayor potencial pierden todo estímulo y el nivel de los centros se hunde, impidiendo que el alumnado alcance cotas de excelencia.
Por otra parte, la evidente regresión en el País Vasco y en España se integra dentro de una tendencia negativa más amplia e histórica observada a nivel global en la mayor parte de los países de la OCDE, cuyos promedios en PISA han alcanzado los niveles más bajos registrados hasta la fecha en matemáticas, ciencias y lectura. Una de las principales fuerzas transversales que explican esta crisis generalizada es el impacto desestabilizador de las tecnologías digitales y el persistente problema de la distracción con dispositivos móviles dentro y fuera del horario lectivo.
Los datos de PISA evidencian una clara correlación negativa entre la distracción provocada por el uso de pantallas con fines recreativos durante las clases y una pérdida dramática de rendimiento en las pruebas de evaluación académica. Euskadi, que ha acelerado la digitalización de sus aulas mediante un fuerte desembolso de recursos públicos, sufre la distracción sistemática de unos escolares expuestos de manera desmedida a las pantallas.
La OCDE subraya de forma categórica que aquellos sistemas escolares que imponen directrices claras de prohibición y limitación del uso no educativo de teléfonos móviles logran reducir los niveles de distracción en el aula y fomentan de forma demostrable climas de estudio mucho más propicios para la concentración y el aprendizaje escolar. La sustitución de la lectura en papel por el consumo fragmentado en pantallas, lejos de potenciar las habilidades cognitivas del siglo XXI, ha deteriorado gravemente la lectura reflexiva y la atención profunda requeridas para asimilar textos extensos o complejos.
En paralelo a la interferencia tecnológica, el informe de la OCDE identifica un grave debilitamiento en las actitudes y la perseverancia de los jóvenes hacia el esfuerzo y la resiliencia en el estudio. Las respuestas a los cuestionarios de contexto muestran un retroceso generalizado en la curiosidad intelectual y el afán por insistir ante tareas académicas complejas o monótonas en la mayoría de los sistemas escolares. Al mismo tiempo, se observa un alarmante aumento del absentismo acumulado y de la impuntualidad a escala internacional tras los años de la pandemia, sumado a un progresivo declive en el diálogo y la implicación constante de las familias en la vida escolar de sus hijos.
En consecuencia, muchos estudiantes logran alcanzar los niveles mínimos de competencia mediante lo que PISA denomina una "conformidad académica sin compromiso" (academic compliance), limitándose a cumplir pasivamente con los mínimos requisitos del sistema obligatorio para promocionar, pero careciendo por completo de motivación intrínseca, curiosidad lectora e interés genuino por el conocimiento.
Atajar la dramática deriva del País Vasco y del resto del Estado exige, por tanto, comprender que el éxito educativo no depende de aumentar el gasto presupuestario de forma ineficiente ni de flexibilizar la promoción administrativa para maquillar el fracaso. La solución pasa necesariamente por reconstruir urgentemente las condiciones fundamentales del aprendizaje, lo que implica restaurar la disciplina escolar, recuperar la exigencia académica rigurosa, reevaluar con seriedad los contenidos básicos y cultivar de nuevo en las familias y en la sociedad una profunda cultura del esfuerzo y de aprecio por el saber intelectual.
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